Leer un cartel donde diga ABSTENERSE ESPAÑOLES, HIPSTERS Y NIÑOS DE PAPÁ es lo que ocurre cuando los locales tienen potestad sobre el derecho de admisión o cuando utilizan la anti publicidad como herramienta publicitaria.

Me explico: hace poco un colega, profesor de comunicación, como yo, en la universidad (David Andreu) me comentaba que estando en Brujas (Bélgica) pasó por delante de una cervecería en la que había un curioso un cartel expuesto, a modo de advertencia, en el escaparate. Eran dos comentarios impresos de la web Trip Advisor donde se avisaba del pésimo servicio del establecimiento y se recomendaba no entrar. Lo que le llamó la atención es que estaba en castellano (aviso directo, por tanto, a los españoles) y la exhibición orgullosa de unas opiniones tan nefastas.

Mi amigo, valiente él, pasó de largo para repensárselo luego y volver sobre sus pasos. Entró y en inglés pidió educadamente un vino y al poco entabló conversación con el dueño. Cuando creó el clima de confianza adecuado se atrevió a preguntar por el cartel de la puerta. El belga le dijo que no soportaba a los españoles, que eran gritones y que consumían poco y que eran ciertas las quejas que los dos clientes exponían en Trip Advisor (debería pasear por la Barceloneta y comparar con los hooligans silenciosos y abstemios que pasean). Así que, para evitar que entraran, lo exponía en el escaparate.

Al día siguiente, paseando por la calle Joaquín Costa, en el Raval de Barcelona, vi un cartel que me llamó la atención por el mismo motivo: de nuevo, anti publicidad. En él se avisaba que los que no eran bienvenidos eran los hipsters, de los que se burlaba y cualificaba como veganos y hamsters. Como mi amigo, pasé de largo para volver luego sobre mis pasos. Entré, me pedí un café (miedo me dio pedir un té o un zumo verde) y entablé conversación con el dueño. ¿Sus motivos? Realmente no tenía nada en contra de los hipsters, ni de los veganos y menos de los hamsters… tan sólo llamar la atención. ¡Lo había conseguido!

Mi amigo y yo nos preguntamos qué ocurriría si ambos pusiéramos un cartel fuera de la clase donde se reservara el derecho de admisión. Él pondría “abstenerse niños de papá”, ese tipo de alumno que te boicotea la clase ya que no le interesa nada porque ya lo tiene todo. Yo pondría que se abstuvieran los “alumnos/cliente”, ese tipo de alumno (escaso por cierto y por suerte) que te trata como a un proveedor y no como a un profesor. Por ejemplo, te envía un correo un sábado y se queja luego porque no le contestaste o te entrega un examen y te dice “toma guapa” como si fuera el frutero del barrio (ambos casos reales).

Y ya ves que entre ambas palabras, profesor y proveedor, sólo hay tres letras de diferencia… ¡pero menuda diferencia!

 

PD: Hay que ser un gran profesional para dirigirte a un cliente molesto. En este artículo, diez geniales respuestas a diez comentarios que querían ser anti publicidad. 

http://verne.elpais.com/verne/2015/09/07/articulo/1441614399_856719.html