NO VALGO PARA INSTAGRAM (Relato seleccionado para publicación en el 10º Certamen Literario de Relato Breve organizado por la Editorial La Fragua del Trovador)

Así una noche tras otra. Viendo como mi hija da likes, sube selfies, snapchats y teclea, a dos manos, rápidos comentarios tipo “top, top, top (emoticono, emoticono, emoticono)”. Harta de que me conteste con monosílabos y sin despegar la vista de la pantalla, decido unirme a mi enemigo, a falta de poder vencerlo.

Abro una cuenta: Madre de hija puerco espín. Registro el nombre sin problemas y me dispongo a demostrarle que si ella puede, yo más. Mi hija dice que no valgo para Instagram. Que no soy guapa, ni joven y que no tengo un millón de amigos. ¡Bah! No me desanimo.

Voy a retratar mi día en imágenes. Empiezo con un selfie ante el espejo de “postureo” aunque quiero que parezca que ha salido natural. Así que, antes de maquillarme y con la cara hinchada (pues se despierta una hora más tarde que yo), ahí estoy haciéndole morritos al espejo. ¡Menos mal que las Redes Sociales aún no tienen olor! Ha quedado tan casual, que cuando la he subido, nadie me ha reconocido.

 

Al mediodía, retrato mi plato del almuerzo. Se ve que eso se lleva mucho: acelgas con pavo (estoy a dieta). Las acelgas no lucen en la foto y a pesar del hastag vamovamoquemeloquitandelasmanos, no reciben ni un like.

 

Por la tarde, innovo con lo último: un vídeo en directo. Salgo persiguiendo a mi hija que huye de mí al grito de “pesada” y “mamá PARA”.

Por la noche, toca fotografiar la cena (¡otra vez, qué estrés!), pero se me han quemado las croquetas congeladas y eso no hay hastag motivador ni filtro que lo arregle.

 

Derrotada, me siento en el sofá. Mi hija a mi lado, móvil en mano. Sus palabras de ayer resuenan en mi cabeza “mamá, tú no vales para Instagram”. Pero entonces entra un mensaje, ¡el primero!

 

Es ella:

“Mamá, déjalo. Mientes fatal en las fotos.”

PD: Genial canción de Arnau Griso. Como el relato, pero mejor.